27.7.07

TEMA MES DE MAYO/2007

El tema de este mes es la feminización masculina.

¿Pensaste en feminizarte alguna vez? (Aunque sea en fantasías)

¿Qué parte de ti, te gustaría feminizar?

1 comentario:

Paola Higheels dijo...

¿Pensaste en feminizarte alguna vez? (Aunque sea en fantasías) y,¿Que parte de ti te gustaría feminizar?

La respuesta es única para las dos preguntas

Sí, lo he pensado, y muchas veces. Me he vestido, tan bien como he podido, de mujer. Hace años, compré un par de zapatos de tacón alto en una tienda especializada en zapatos para gente del espectáculo, me hice con un vestido y complementos comprados en una web, de venta por catálogo, de ropa para mujer. Para pintar mi rostro, utilicé el pinta labios y polvos de mi mujer. En un fin de semana que estuve solo hice realidad mi fantasía. El resultado fue ambiguo. Por una parte me sentí bien y excitada, por el otro, no me gusté. Tengo un cuerpo ancho y muy masculino y el vestido caía mal. Sólo de frente me veía aceptable. Fui incapaz de imitar la sensibilidad femenina. Me di cuenta de que aquello requería mucha dedicación, que imitar a una mujer no es nada fácil. Me sentí ridículo y terminé con una masturbación que liberó una enorme cantidad de semen encima del vestido, las medias y los zapatos. El orgasmo fue tan intenso como la sensación de desastre.

Con los años, la tendencia a feminizarme no ha desaparecido. A veces uso las bragas de mi mujer. Me excita saber que las llevo y, de no ser porque tengo unos genitales grandes, casi me olvido de ello hasta la hora de ir a dormir, cuando he de ser cuidadoso para que ella no descubra que uso sus braguitas. Alguna vez he salido de casa con los labios pintados con un tono muy parecido a la piel y que solo podría ser advertido por un ligero efecto nacarado.

Pero mi fantasía de feminización va mucho más lejos. En casa, ato los testículos para poder echarlos hacia atrás y notar como mi andar feminizado los va frotando con mis muslos, mientras mi pene, forzado a salir hacía delante, mantiene una erección que ja quisiera en otros momentos y se me insinúa como un clítoris súper desarrollado. Uso unos zuecos de mi mujer que, al no estar cerrados por detrás, me permiten calzarlos con cierta comodidad y me visto con alguno de sus vestido veraniegos, más holgados, a pesar de que limitan mucho mis movimientos. Camino imitando el paso femenino, intentando no mariconear para buscar una imitación más cercana a la realidad. Pero no puedo cambiar la forma ni el tamaño de mi cuerpo y mis movimientos. Necesitaría de la corrección de un experto o de una mujer muy generosa y muy femenina.

En mis fantasías, me veo sin testículos, con mi pene grande pero circuncidado y unos pequeños pechos, fruto de una controlada ingestión de hormonas. Me imagino viviendo con un hombre maduro, culto, delicado, amoroso y que me mima y me trata como su mujer. Me encanta imaginarme en casa, cuidando todo de nuestro hogar y sintiéndome deseada. Me gusta verme coqueta, seductora, vestida y arreglada con todo tipo de detalles que él me compra para hacerme bella y imaginar cómo las artes varoniles de mi hombre me deshacen mientras relajo mi tensión y me ofrezco a el, toda sumisa y sensual. Me gusta imaginar su penetración, sus embestidas, sus comentarios cariñosos y, después de notar su semen en mi vientre, jugar con su pene y sus testículos como muestra de que los míos ya no existen y que no puedo hacer nada mejor que adorar los de un hombre de verdad.

Pero eso es solo una fantasía. Por la mañana me siento hombre y, si voy por la calle, mis ojos no pierden detalle de las mujeres que se cruzan en mi camino. No "veo" a los hombres y cuando lo hago no veo nada atractivo en ellos. Los hombres que pasan por la calle son vulgares y sin sensualidad. Por eso, creo que la mejor manera de entrar en mi fantasía sería conociendo otros hombres pasivos totales, crossdresser, travestís y, a través de la relación (incluso sexo) con ellos, poder descubrir si esa fantasía podría ir más allá, hasta un auténtico macho que me demuestre que, en realidad, siempre he sido una mujer.

Mi realidad y mi fantasía, hoy por hoy, están muy distantes la una de la otra.

Saludos cordiales,

Paola